En junio, el nivel de actividad de la industria manufacturera pyme registró una contracción interanual del 7,1%. Por su parte, la medición mensual desestacionalizada presentó una variación nula (0%), lo que reflejó un resultado neutro respecto al mes previo.

El comportamiento sectorial reflejó resultados negativos en la mayoría de los rubros analizados. La excepción fue el segmento de Madera y muebles con un incremento interanual del 4,1%. En contraposición, Químicos y plásticos experimentó la mayor retracción (-15,7%), seguido por Alimentos y bebidas (-9,9%). Con descensos de menor magnitud se ubicaron Metal, maquinaria, equipo y material de transporte (-5,8%), Textil e indumentaria (-4,2%) y Papel e impresiones (-3,2%).

A su vez, el uso de la capacidad instalada en la industria pyme promedió el 55,3%, reflejando un descenso de 1,8 puntos porcentuales respecto al registro previo. En el análisis por ramas de actividad, las tasas más elevadas de explotación del capital físico se localizaron en Papel e impresiones (61,8%) y Alimentos y bebidas (57,1%). En contraste, los menores niveles de operatividad fabril se dieron en Metal, maquinaria, equipo y material de transporte, con un umbral del 52,5%, seguido por Textil e indumentaria, cuya tasa media de utilización se ubicó en el 54,4%.

La contracción en la actividad manufacturera pyme y la neutralidad en la medición mensual respondieron al continuo debilitamiento de la demanda agregada y a la menor liquidez de los hogares. Este contexto acotó la tracción de los estímulos estacionales vinculados al cobro del medio aguinaldo y eventos comerciales. Mientras la parálisis en la obra pública y la postergación de inversiones en bienes de capital afectaron al sector metalmecánico, el incremento en las importaciones condicionó a las ramas textil y plástica. En contraposición, la demanda de productos a medida le permitió a la industria maderera mantener un desempeño positivo, diferenciándose del retroceso observado en el consumo masivo y en los insumos industriales.

En el plano operativo, las subas de las tarifas energéticas, los fletes y las materias primas incrementaron la presión sobre la estructura de costos ante la imposibilidad de volcar dichas subas a los precios finales. Frente a la compresión de los márgenes de rentabilidad, las empresas reconfiguraron su esquema de trabajo mediante la internalización de procesos, la simplificación de insumos secundarios y la reorientación hacia servicios de mantenimiento comercial de forma complementaria. Las firmas priorizaron el flujo de caja a través de bonificaciones al contado, promociones bancarias y cuotas, adaptándose a un mercado enfocado en bienes esenciales y de menor valor unitario.

En la evaluación de las perspectivas para el próximo período, el 52,3% de los establecimientos fabriles proyectó un incremento en su volumen de producción, mientras que un 10,1% estimó una disminución en su nivel de operatividad. Respecto al balance del entorno comercial en la comparación interanual, el 48,8% de las firmas consideró que la situación no evidenció cambios significativos, en tanto que un 41,3% definió el contexto como adverso. En lo relativo a la asignación de capital predominó la postergación de proyectos: el 53,1% de los directivos consideró inadecuado el marco macroeconómico para el desarrollo de infraestructura o equipamiento —lo que representó una suba de 3,4 puntos porcentuales frente al mes anterior—, al tiempo que la intención de efectuar nuevos desembolsos descendió al 19,7%.

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